¿Mayoría de edad?

Publicada 22/02/2010
Educación / Federico Johansen
¿Mayoría de edad?

Los niveles de sobreprotección a los que exponemos a nuestros hijos ya están pasando a ser nocivos. Enviar Imprimir

El 21 de diciembre de 2009, el Poder Ejecutivo Nacional promulgó la ley de mayoría de edad, que fijó la misma en los 18 años. Además de las modificaciones de varios artículos del Código Civil que establece la nueva norma, en su artículo 5 expresa: “Toda disposición legal que establezca derechos u obligaciones hasta la mayoría de edad debe entenderse hasta los DIECIOCHO (18) años…”.

¿Qué relación guarda este tema con la educación? Permítanme desarrollarlo.

Hace un par de días, llamé a un amigo, director de carrera de una prestigiosa universidad argentina, para saludarlo por su cumpleaños. Cuando le pregunté cómo estaba, me contestó, casi textualmente: “Con una cola de madres que vienen a quejarse porque sus hijos olvidaron anotarse para rendir alguna materia y quieren interceder por ellos para que les permitamos una excepción”.

Primero pensé que se trataba de una broma, pero mi amigo me aseguró que no. Luego pensé que se trataría de una exageración de su parte, o incluso que sólo en esa universidad pasarían este tipo de cosas.

Así que corté con el cumpleañero y llamé a otra amiga, rectora ella, en este caso, de un conocido terciario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Casi catárticamente –la entiendo– comenzó a relatarme un cúmulo de anécdotas sobre madres (y algún que otro padre) que por teléfono o en persona venían a solicitar “excepciones” para sus hijos, todos ellos mayores de 18 años, claro está, habida cuenta del nivel de escolaridad en el que se encuentran. Que no lo dejara libre por inasistencias ya que faltaba “porque estaba muy cansado”, que le permitiera rendir a pesar de no tener la correlativa aprobada, que se lo habilitara a inscribirse fuera de fecha, que le dejaran “ver el examen de su hijo”. El relato más extraño me pareció el de una madre que fue a solicitarle un cambio de comisión para su vástago, porque en la que estaba el chico “no tenía amigos”. También me refirió que ha recibido un sinnúmero de insultos cuando, con toda lógica y sencillamente respondiendo a los reglamentos existentes, les negaba a las madres (o algún padre) la excepción antirreglamentaria solicitada.

No satisfecho con la información recibida, hablé con otro conocido, esta vez vicedecano de una carrera de otra universidad. No le pregunté si había vivido situaciones similares, sino que directamente inquirí sobre el “caso más patológico”. Me relató el de una madre que fue a pedir que habilitaran a su hijo de tercer año (es decir, que la criatura debería tener al menos 20 años) para que pudiera rendir “otro recuperatorio”, pues en el primero le había ido mal ya que “no estaba en condiciones psicológicas porque había roto con la novia”.

Está claro que los niveles de sobreprotección a los que exponemos a nuestros hijos ya están pasando a ser nocivos. Una cosa es una anécdota aislada y otra muy distinta es que estos episodios se conviertan en hechos cotidianos para quienes ocupan posiciones directivas en terciarios y universidades, de modo tal que les exijan dedicar tiempo a recibir progenitores de señores y señoras que son mayores responsables.

La ley sancionada aclara específicamente que cesan “los deberes” (defender al menor por parte de los padres) cuando éstos alcanzan la edad de 18 años. Pero, si los adultos seguimos sobreprotegiendo a nuestros hijos y haciéndonos cargo de las consecuencias de sus actos cuando ya hasta para la ley son los únicos responsables, creo que nos estamos equivocando bastante.

El demostrar amor hacia los hijos no pasa por hacer cosas que no contribuyen a su crecimiento afectivo e intelectual. Así como cuando son bebés los vacunamos (¿a qué padre o madre no le duele el “pinchazo” de las vacunas de sus hijos?) para evitar males mayores más adelante, también debemos permitir que puedan crecer en libertad y responsabilidad en todos los ámbitos de la vida humana.

Tratemos de enseñar a nuestros hijos a hacer por ellos mismos las acciones que madurativamente están preparados para realizar y a hacerse cargo de las consecuencias de sus actos, tanto de las buenas como de las malas.© www.economiaparatodos.com.ar

Federico Johansen es Licenciado en Ciencias de la Educación y vicedirector general del Colegio Belgrano Day School de la Ciuda Autónoma de Buenos Aires.

WHAT IS WRONG WITH THE SYSTEM?

In Argentina, students of all school levels, [elementary and high school] have a promotion system by which they access to the next grade or level, provided they obtain an average of 7 points (*) for the three terms in each subject. If they do not reach this minimum mark requirement they have to sit for an exam on each of the failed subjects at the end of the year.

The number of students in elementary level that have to sit for these exams is increasing at a very low pace. Although I have not the final figures at hand I could say that the increase percentage for the last two years is under 1%.

However, there is a great increase in the percentage for the other level: almost 10% increase in the last two years. I consulted other schools and the information I got from them was that the percentage of students NOT HAVING to sit for any examinations is under 10% of the total population.

Thirty years ago, that was the percentage of those HAVING to sit for end-of-term examinations.

What has gone wrong since then?

What is wrong with a system that allows students to get to the next grade having failed so many subjects at the end of the year and pass exams for which they have had no more time to study for than a little over one week at the most?

I believe that there is not one cause to answer this question. However, it is quite clear that we are missing something here.

How can it be possible that a student who in 180 class days fails in 8 or 9 subjects be able to achieve the standards of the end-of-term exam for each subject in so short a time?

We have a large number of students sitting for a large number of exams. What once was the exception, today is the rule and we are not giving this matter the importance that it has.

Some private schools included in their own rules that a student having to sit for more that, let us say, 5 or 6 exams at the end of the year, should leave school the following year. In general, this “rule” accounted for a decrease in the number of students failing subjects during the year.

In order to solve the problem, first we must admit that the number of students not reaching the standards for each subject through the school year is increasing term by term and, secondly we should think of ways to reduce the subjects a student may recover through the end-of-term examination to a sensible number. There are students who fail ten or eleven subjects from a total of 12!

In the third place, if a student does not reach the year standard for a subject, they should study during the holidays. Children sitting for more than 5/6 exams should study at least during December and January in special courses.

I am afraid that if we do not take steps to solve this and other education problems we will probably need an increasing amount of years to be able to come back to the point where it all started.

¿Igualdad de oportunidades o igualdad de resultados?

Luego de una movida asamblea, el Consejo Académico de la Universidad Nacional de La Plata emitió una ordenanza que dictamina que las distintas Facultades no pueden poner sistemas de ingreso que impidan el acceso a quien pretenda matricularse como alumno universitario. En sencillas palabras, no puede haber exámenes de ingreso eliminatorios.

Ya había acontecido algo similar en 1996, cuando el Rectorado de la Universidad de Buenos Aires logró que Facultad de Ciencias Médicas tuviera que abandonar la práctica del examen de ingreso eliminatorio.

Una de las argumentaciones que se esgrimieron durante la asamblea, es que los mecanismos de ingreso que aplicaban algunas facultades (por ejemplo la de Medicina) atentaban contra la “igualdad de oportunidades”.

La igualdad de oportunidades está dada por la posibilidad de ingresar a la universidad. A cualquiera que tenga título de educación media (e incluso a los mayores 25 años aunque no lo tengan) se le permite acceder a la universidad, o cuando hay examen de ingreso, rendirlo. No importa que promedio tuvo en la escuela, cuantos años tardó en obtener el título secundario o donde lo obtuvo. (cosa que sí es tomada en cuenta en otros países tan o más democráticos que nosotros). Sostener (y legislar al respecto) que todo alumno que quiera entrar en la universidad deba hacerlo es confundir la “igualdad de oportunidades” con la “igualdad de resultados”. Si la escuela secundaria no está produciendo alumnos que puedan ingresar sin dificultades en la universidad, mejoremos las cosas en ese nivel pero no abramos las puertas de la universidad a alumnos sin los conocimientos necesarios.

Lamentablemente, si aplicáramos el mismo criterio ya dentro de la universidad, habría que permitir que todos siguieran cursando aunque no hubieran aprobado ninguna materia y, finalmente, entregarles el título por el solo hecho de haber cursado, para no atentar contra la “igualdad de oportunidades laborales”.

Me llamó la atención un cartel que durante la mencionada asamblea portaban los alumnos en el que podía leerse: “NO NOS ROBEN EL DERECHO A ESTUDIAR”. Un hermoso slogan. Pero precisamente los que estudian son los que aprueban los exámenes, sean estos de ingreso u otros. Pareciera ser que al “derecho a estudiar” viene anejo el “deber de mostar que uno ha estudiado”, al menos si uno desea obtener un título de grado.

Tampoco parece adecuado que sea cada universidad la que fija sus parámetros de ingreso. Sería esperable que en algún momento existiera una política de estado que fomentara determinadas profesiones y desalentara otras en función de un determinado proyecto de país, hoy inexistente. ¿Porqué un municipio puede limitar el número de licencias de taxis que emitirá, y que esto no se considere discriminatorio, y un país no puede desalentar determinada profesión de la que ya hay muchos profesionales, permitiendo que solo ingresen determinado número de alumnos a estudiar esa carrera? Cuando había ingresos, o incluso en las Universidades que lo conservan, la cantidad de ingresantes se establece por la infraestructura de esa Facultad para formar profesionales (disponibilidad y tamaño de aulas, número de docentes, etc.). Y esto no es serio.

Lo lógico sería poder predecir el número de profesionales de cada rama del saber que se necesitarán, fomentar aquellas profesiones donde se inscriben menos de los que se requerirán y desalentar, haciendo que solo ingresen los mejores, aquellas en las que sobrarán profesionales.

SCHOOL DESERTION IN BUENOS AIRES DISTRICT

A few days ago, the District of Buenos Aires educational authorities published an exhaustive report on the above subject.

The information revealed that over 100.000 High School level students left school on 2003 (13% of this level student population). This situation is aggravated by the fact that High School level is compulsory in the mentioned District (and many of the students have been granted scholarships). In addition, it also shows that 74.000 students abandoned Ordinary School, and 150.000 failed and had to repeat the form.

To give you a clear idea of the magnitude of these figures, let me tell you that the amount of students that deserted High School in Buenos Aires is the same as the sum of those actually attending High School in La Pampa and San Luis together. And if we take into account previous statistics, the trend is increasing.

These numbers jeopardize our future far more than the external debt which may be negotiated or even forgiven. But what is definitely a fact is that an uneducated Nation cannot rise with money or with international condonations alone.

The article’s length prevents the possibility of an exhaustive analysis of the causes that lead to this degree of school desertion. However, I will speak about three of them:

1. Lack of social commitment to education:

a) Bearing in mind that education is not an exclusive concern of schools, the different educational agents do not live up to this kind of social responsibility. Just to mention a couple of examples, there are television shows for teenagers -who have to get up before 7 am- that end at midnight or even later. These drowsy students either arrive late to school, thus exceeding the allowed absences, or sleep during the first periods. They therefore fail to comply with what is asked of them and desertion comes as a necessary consequence.

b) National holidays taking place during a week-end are transferred to Mondays, implying that education and class days are unimportant compared to the internal tourism this measure generates.

c) Teachers go on strike on class days, instead of looking for different ways of complaining which will not affect the welfare of coming generations which, of course, include our own selves.

2. The commitment of schools to other responsibilities than their specific field demands:

Nowadays, teachers are not trained for the many situations they have to handle, which exceed their field of action. And it is not a matter of training since they should not be expected to deal with what they have to at present, instead of being devoted to what they are prepared to do and expected to perform.

It would be like assuming that taxi drivers should be able to practice a tracheotomy on clients that might be choking. If the school and the teachers keep on devoting themselves to roles that are not included in the pedagogical field, the academic performance will necessarily lower its standard which, in the end, will lead to additional desertion.

Just to give and example, nowadays, teachers have to handle family violence situations which they are not trained for, and this keeps them busy with this kind of emergencies instead of being able to spend their time planning classes, looking for challenging and motivating activities, etc. which is what they should devote their time to.

3. Lack of teachers’ professional capacity:

Teachers should look for creative ways to educate the “real” students they have, most of which come to class with ever increasing personal conflicts. Apart from pointing out that our present society has a great responsibility about what we have been here underlining, we cannot just blame society and do nothing about the consequences we observe.

To continue with the examples, if we know that the students are sleepy on the first period, we should use adequate resources to start them working instead of letting them sleep.

Undoubtedly, there are a lot more causes to school desertion than the ones I have mentioned here: political, geographical, climatic, among many others. However, my proposal is to begin to take them one by one and start to make the necessary changes that we are in a position to bring about.

We will not be able think of a better Argentina unless we are able to achieve something as elementary as to keep students coming to school.

There will be no point in our discussing educational quality if we do not have anyone to offer it to.

No Different results with the same actions.

We will not be able to obtain better results in education if we keep sticking to the same methods and condictions that brought about the results we intend to change.

In Argentina, there are few Public Universities were you have to sit for entrance examinations: a High School general certificate grants direct admittance to any University without any further conditions. Some Private Universities still have entrance examinations. Up to 1983, all Public and Private Universities required entrance examinations (there was a brief period between 1974 and 1975 in which National Universities did not require them).

The fact is that in those universities where entrance exams are a condition to gain access to the status of university student, the results of those examinations are really very poor: less than 20% of approvals. (Only 8% approved the last entrance exam to the “School of Medicine” of Universidad de la Plata).

This has been happening at least for the last ten years, with the only consequence that more and more Public Universities stopped taking entrance examinations. This misleads people to think that all students who finish High School are prepared to enter University. The last University to solve the problem in this way was Universidad de la Plata, the second in Argentina in number of students. The Dean of the University directed the School of Medicine to stop making candidates sit for entrance examinations: entrance is now free and those students who fail examinations should take “leveling courses”.

The fact is that High School (in some districts called “Polimodal” and in others “Secondary Education”) is not fulfilling its purpose, that is, to produce a high percentage of students duly prepared to cope with University education standards. Or, in other words, students able to pass University entrance examinations when required.

The worst of it all is that, in spite of this evidence, there is no action being taken at High School level to prevent these ever increasing despairing results observed on the next step of the educational career. It looks as if everybody turned a blind eye to these facts, unwilling to acknowledge the problem.

It seems that Government Institutions that should be taking action to prevent this situation believe that it will solve by itself, or that the simple lapse of time is going to make things better. Personally I believe this attitude to be inconsistent with common sense.

If we want girls and boys starting University studies with the minimum capacities required to be able to live up to what is educationally expected of them at this stage, or to successfully sit for entrance examinations, many things will have to be changed at High School level.

One simple thing that could be done is to make all students in the last forms of schools all around the country sit for a final exam (in some countries it is called “State examination”), so that it will not be possible for anyone to get their high school certificate if they do not pass that last instance. As we have different orientations at High School, this final exam should only focus on Mathematics and Spanish Language, to evaluate if students can understand what they read. This could be a simple and cheap solution. And this is one of the Federal Ministry of Education’s responsibilities. If the involved Government Institutions take this step or any other in this direction, High Schools will have to start making things better, as they would receive great pressure from parents and even students to improve the academic level to ensure a high percentage of students who will pass the Federal Final Examination.

Most probably, in a couple of years, similar examinations would be necessary at the end of Primary School, as High Schools would require them to send their students better prepared for High School demands.

If no action is taken, the conclusion is simple: we will be getting more of what we have been obtaining until now.

PUBLIC UNIVERSITY TUITION AND SOCIAL EXCLUSION

On behalf of the right that everyone has to University education, free University learning is actually a privilege that Argentine middle class has conquered in detriment of the poor.
In the first place, the issue of free Public University learning is not, to my mind, an ideological one: the fact that a particular University is free or paid should be a means and not an end in itself, as many people seem to believe.
I feel it is important to make clear that the right to equal opportunities is really an ideological issue. And this is why, to abide by this right, I would like to state what I think about free Public University education, considering the fact that on September 10th, 2004, our Minister of Education, Mr. Daniel Filmus, declared that Argentina has forgotten this issue, (words that I take as his way of telling us that we take for granted that it should be free).
It is generally alleged that free University education guarantees everybody’s right to this kind of education. Nothing can be farther away from Argentina’s current situation (this assumption might have been true for our country during mid 20th century).
To start with, let me mention a simple example: Let us imagine that any Federal Government, observing an unfair distribution of wealth among its citizens, decides to give out brand new cars to those who request them. Everybody then would say: “How good! Now the poor will be able to have cars!”
But the results of this measure will be exactly the opposite: this will still not be an option for the poor since they will not be able to pay for the taxes, the insurance, the fuel and the maintenance. To the contrary, it will be the rich who will end having more cars, since they will keep their own cars as well as the one that the State is offering for free: they can surely pay the cost.
In addition, odd as it may seem, part of the taxes paid by the whole population, including the poor, will be destined to pay for the cars assigned to the rich.
The same happens with free education at Public Universities: University education is not an option for the poor even if it is free while, at the same time, with the taxes they pay for the goods they buy they are certainly contributing to the higher education of the rich. This means that the middle class, which actually provides the highest percentage of students to Public Universities, is receiving this free gift from all social classes.
The above situation is what is currently preventing the whole of our society to get equal opportunities. As with brand new cars if they are given for free, the rich will be richer and the differences will be deeper, if free education is offered, the rich will have access to an increasingly better education and the differences will be ever more profound.
As a further example to support the above idea, with the taxes an undernourished child’s parent pays when he buys a litre of milk in the province of Tucumán, he is contributing to pay University education for a Senator’s son in Buenos Aires. Does this sound like equal opportunities?
In summary, progressivism (in the argentine sense of the word) has considered free education at Public Universities a conquest. And it is right: it has meant a conquest for the progressivist middle class that has achieved this privilege at the expense of the poor. Or do we know of any progressivist poor?
With the meager budget that our country assigns to education, what would really offer equal opportunities, would be to have paid Public University education (with a good scholarship system), while the share spent on free University education, could be assigned to junior and high school education.

¿Y porqué, mejor, no regalamos los títulos?

El Consejo Superior de la Universidad Nacional de la Plata, mediante una ordenanza, acaba de dictaminar que los ingresos en las Facultades de su esfera no pueden ser eliminatorios. Aunque el giro idiomático que emplea la ordenanza es bastante particular, lo que viene a decir en blanco y negro es que desde que alumno pisa la Universidad debe ser considerado un alumno universitario. Que en palabras aún más sencillas es que el ingreso es irrestricto: por el solo hecho de tener un título de educación media, ya se trata de un alumno universitario con solo cumplimentar un trámite administrativo.

Lo primero que me impactó fue ver fotos de algunos de los carteles que portaban los alumnos durante la Asamblea en la que se debatió la ordenanza: “NO NOS ROBEN EL DERECHO A ESTUDIAR” (lindo slogan, ¿no?). Que equivocado estaba: yo pensaba que precisamente los que estudiaban pasaban los exámenes, y los que no estudiaban no. Yo creía, veo que erróneamente, que el “derecho a estudiar” conllevaba el “deber de demostrar que uno ha estudiado”. Perdón por la comparación que es fuerte pero es como si un suicida lleva un cartel reclamando que no le roben el derecho a la vida, mientras se arroja a un precipicio. Los que pueden reclamar que no les roben el derecho a estudiar, son los que realmente estudian, se esfuerzan y, como consecuencia habitual y lógica, aprueban sus exámenes.

Lo segundo es que volvemos a lo de siempre: se confunde la “igualdad de oportunidades” con la “igualdad de resultados”. La oportunidad la da la Universidad permitiendo que accedan a ella todos los que aprueban los exámenes, criterio también bastante cuestionable. El resultado dependerá de la preparación y esfuerzo de cada uno. Y lo terrible del tema es que no veo cual es la diferencia esencial entre un examen de ingreso y uno de una materia cualquiera. Si es “discriminatorio” no permitir que alguien que no aprobó un examen ingrese en la universidad, ¿porqué no es discriminatorio no permitir que siga con la materia siguiente si no aprobó la anterior?. No perdamos tiempo y dinero: regalemos directamente los títulos y listo. No discriminemos más a esos pobres alumnos que no pueden demostrar cuánto saben. “NO NOS ROBEN EL DERECHO A EJERCER LA MEDICINA” sería un slogan bastante vendedor para poner en un cartel en la Asamblea donde se discuta si se regalan los títulos. Me parece que hay muchos que no han entendido lo que es discriminar y piensan (y lo malo es que legislan en esa línea) que todo obstáculo no superado es discriminatorio.

Decía que el criterio de permitir que cualquiera que supere el examen de ingreso (cuando lo había) es cuestionable, pues uno no puede establecer una política de ingresos en una universidad pública en función de su infraestructura para formar profesionales de una determinada orientación. Es decir: si tengo tantos bancos y tantos profesores, puedo educar tantos alumnos. Debería haber una política de desarrollo elaborada desde el gobierno nacional que fomentara determinadas profesiones necesarias para ese desarrollo y desalentara otras. ¿O porqué no es discriminatorio que los municipios fijen el número de licencias para taxis que darán y sí sería discriminatorio fijar el número de periodistas deportivos que son necesarios para el país? ¿O porqué puede haber sólo 256 diputados, si tengo claro que mucha gente representa a otros? Si sé que dentro de determinado número de años necesito determinado número de médicos, no puedo decir que no tengo lugar para formarlos: debo invertir para lograr la infraestructura necesaria. Como contrapartida, si sé que necesito 10 ingenieros y tengo infraestructura para formar 100, y les permito ingresar, tendré 90 frustrados dentro de poco tiempo (en realidad si entran 100 probablemente se reciban solo unos 20, pero este tema da para otro artículo). La política de ingreso no tendría que depender de las universidades sino que debería ser nacional, y estar pensada en función de las necesidades del país.

Ignoro cuales son las razones políticas que llevaron a tomar esta medida, en una de las Universidades que conservaban el sentido común, al menos en algunas Facultades. Pero deberían ser los alumnos que realmente estudian, esos a los que les están robando su derecho a estudiar, los primeros en dejar oír su voz de queja. Y, por favor, dejemos de una vez por todas de confundir igualdad de oportunidades con igualdad de resultados.

Vuelve Feliz Domingo

El canal 9 ha anunciado que a partir de este domingo regresará a la pantalla chica “Feliz Domingo”, programa en el que básicamente alumnos de los últimos años de diversos colegios compiten para ganar un viaje a Bariloche para toda su división. El tipo de juegos o competencias no están precisamente orientados a que los alumnos muestren sus habilidades intelectuales.

Perdón que haga un poco de historia, pero la realidad es la vieja versión de este programa era una de las muestras más claras de las contradicciones que existen entre los distintos agentes educativos. En este caso en particular me refiero a “medios de comunicación” y “escuelas”. El tema es que por ley, al menos en la en ese momento Capital Federal, estaban prohibidos los viajes de egresados en época de clases, y graciosamente, era el premio que Feliz Domingo ofrecía. Asimismo, suponiendo que uno hiciera pasar el viaje como otra cosa, ley tenía previsto que los alumnos debían ser acompañados por un docente cada diez alumnos o fracción, pero en Feliz Domingo, aunque la “División” (me refiero al curso) tuviera 52 alumnos el número de acompañantes que ofertaba el programa eran solo dos. Hoy esta legislación ha cambiado (es sintomático que el “lobby turístico” consiga mas cosas que el “lobby educativo” si este último existiera). Hoy las escuelas no tienen cómo desalentar estos viajes.

Pero vamos al tema de fondo. ¿Qué tienen que ver estos viajes de egresados con los objetivos de una escuela?. Supongamos que la Primera división del club Boca Juniors decide presentarse ante Mauricio Macri para decirle que quieren ir a hacer un curso de inglés a Inglaterra, durante el Campeonato Apertura. Indudablemente, el objetivo es muy bueno, mejorará a cada uno de los jugadores, pero no tiene nada que ver con los objetivos del Club Boca Juniors. Los jugadores están en un Club para jugar al fútbol, no para aprender inglés. Si quieren hacerlo que lo hagan mientras no están jugando, organizado por ellos y no usando como excusa al Club.

Lo mismo sucede con los viajes de egresados: los alumnos tienen períodos vacacionales (tanto en invierno como en verano) para irse todos juntos a “divertirse”, pero eso no tiene nada que ver con los objetivos de una escuela, sino que está en contra de esos objetivos: peleamos por los 180 días de clase pero los alumnos que más lo necesitan (están por entrar en la Universidad) se “comen” muchos de esos días más el tiempo que utilizan para prepararlo.

También todos sabemos lo que sucede en Bariloche. No es que los chicos se descontrolen, que podría suceder en cualquier lado. Es que “van a descontrolarse”. Ya el planteo de ir a Bariloche no solo es contrario a los objetivos de la Educación sino incluso a las consignas que la sociedad proclama y dice defender. Y para colmo, cuando el producto de ese descontrol son desmanes que aparecen en los medios de comunicación, resulta que son los alumnos “de Tal Colegio”, como si tal Colegio tuviera algo que ver con esta costumbre.

Que este programa vuelva a la televisión está marcando que como sociedad seguimos siendo incoherentes. Contrariamente, no vuelven a los canales comerciales programas como “Justa del Saber” u “Odol pregunta” dónde lo que había que mostrar era conocimientos, y los premios eran adecuados a los objetivos perseguidos.

Volviendo a primer casillero

No acuerdo con el refrán que dice que todo tiempo pasado fue mejor, pero sí creo firmemente que no hay que cambiar las cosas que funcionan bien. Y precisamente eso se hizo en algunos aspectos de las reglamentaciones educativas. Por lo que afortunadamente, estamos volviendo a primer casillero.

Las autoridades educativas de la Provincia de Buenos Aires han sacado una serie de reglamentaciones que, al menos desde mi punto de vista, parecen intentar mejorar nuestro sistema educativo.

Algunas modificaciones son puramente de forma: si Ud. estaba contento porque había logrado dejar de hablar de “Primaria y Secundaria” para pasar a referirse al “EGB” o al “Polimodal”, ahora deberá re-aprender la nueva terminología: la EGB (Educación General Básica) en la Provincia de Buenos Aires no es más EGB. De ahora en más hablaremos de EPB (Educación Primaria Básica) para referirnos a los 6 primeros años de la ex EGB y de ESB (Educación Secundaria Básica) para nombrar a los últimos tres años. Afortunadamente el Polimodal conserva su nombre. Recuerdo cuando entre los fundamentos para cambiar el nombre, se decía que “secundario” tenía una connotación de “inferior” a “primario” ¿Qué van argumentar ahora para volver a la vieja denominación?. Lo ignoro. Por supuesto que se creará una nueva dirección (la de ESB, ya que la de EGB se transforma en EPB), nuevas inspecciones, nuevos cargos, etcétera.

Otras medidas afortunadamente son un poco más de fondo. Siguiendo los lineamientos que en febrero había trazado el Consejo Federal de Educación, se decidió y reglamentó que en ESB y Polimodal se tomarán evaluaciones integradoras a fin de año de algunas materias especificas. Esto es bueno: que los alumnos tengan exámenes en los que puedan demostrar que integran conocimientos también nos llevará a los docentes a enseñar integradoramente nuestras respectivas materias, y no tratar los distintos contenidos como compartimientos estancos. También las evaluaciones integradoras suelen apuntar más a evaluar habilidades intelectuales que contenidos, cosa altamente positiva.

Quizá las autoridades deberían evaluar nuevamente el valor relativo que le han dado a la calificación de esas evaluaciones: de acuerdo a lo informado por la Dirección de Escuelas corresponde al 50% de la nota anual, cosa que parece demasiado para estar en juego en una sola evaluación, al menos en la ESB. Quizá podría tomarse como una cuarta nota (tres trimestres + integradora dividido 4) lo que le daría un 25% de peso anual, o como una segunda nota del tercer trimestre, en cuyo caso su valor sería del 17%.

Por último, y también creo que afortunadamente, se ha vuelto a la calificación numérica en 4to y 5to año de la EPB (los antiguos 4to y 5to grados de la primaria) ya que hasta el momento con solo existían tres calificaciones conceptuales (alcanzó los objetos, alcanzó muy satisfactoriamente o no alcanzó), donde el “no alcanzó” era demasiado elástico (para llevarlo a la nota actual era de cero a seis). Asimismo, haber fijado el 7 como nota de aprobación, también parece ser una medida que apunta a que los alumnos adquieran más conocimientos. (En 6to año se había llevado de 6 a 7 hace dos años).

Esperemos que estas medidas, a pesar de haber salido ya comenzado el año lectivo con aplicación para este año, contribuyan a mejorar un poco nuestro nivel de exigencia académica y a solucionar el fundamental problema de nuestro país: la falta de educación.

Violencia en una escuela

Según informaron los medios de comunicación, una maestra de la escuela Nicolás Avellaneda fue agredida por la madre de un alumno, al que no le habría permitido tocar la flauta durante un recreo.

Antes de entrar a fondo en el tema del trato de los padres hacia los docentes, me permito alguna consideración sobre la tarea de los docentes.

Hay que tener en cuenta que si consideramos tanto el tiempo como el “público” ante el que el docente trabaja cada día, la docencia es una de las profesiones más expuestas.

Prácticamente no existe ninguna profesión, en la cual uno esté expuesto al mismo público 4 horas diarias, 5 días a la semana, nueve meses al año. Un médico puede trabajar 10 horas diarias, pero raramente repite sus pacientes en un término menor de un mes. Un periodista puede estar cuatro horas a cargo de un programa, pero su público en general va cambiando. Los docentes tenemos todos los días durante el año escolar sentados delante a los mismos chicos. Y como todos los seres humanos, nos equivocamos. La posibilidad de equivocarse varias veces en un año con el mismo chico es amplia.

Por otro lado, otro de los problemas que tenemos en esta exposición es que “el público” se conoce entre sí, y nuestros actos siempre se realizan en el aula. De ese modo, si uno se equivoca con Pedrito, la mamá de Susanita va a enterarse, ya sea porque se lo contó Susanita o porque así lo hizo la madre de Pedrito (hace años hice una pequeña investigación que, redondeando, dio como resultado que las madres con hijos en edad escolar hablaban el 60% del tiempo del tema educación entre ellas, y el 80% de ese tiempo, criticando a la escuela). Si un médico se equivoca, raramente su paciente lo comente con otro pues no lo conoce. Si se equivoca un periodista, tampoco es probable que la audiencia lo comente.

Lo que quiero decir en resumen es que los docentes nos enfrentamos durante mucho tiempo al día a un “público” que se conoce entre sí, y encima comenta muy habitualmente nuestra tarea. Súmese a esto que como todo ser humano nos equivocamos, y más cuando el trato continuo con los alumnos no admite recetas previas: cada chico es distinto, cada caso es distinto, cada circunstancia es distinta. Uno puede planificar cómo enseñará el Teorema de Thales, pero no cómo acturá si Alejito se cae de la silla, o si toca la flauta en el patio.

Hago esta introducción pues, aunque parezca obvio remarcarlo, es inexistente el maestro perfecto que no se equivoca nunca.

Es decir, si cada vez que nos equivocamos viniera una madre y nos pegara creo terminaríamos internados en el transcurso del primer trimestre. Por otro lado, habría que plantearse qué sucedería si los docentes fuéramos a pegarles a los padres cada vez que se equivocan. Probablemente el resultado sería similar.

Dejando de lado la violencia, creo que, por un lado, deberíamos comprender esta situación que atravesamos los docentes y, en vez de criticarlos a diestra y siniestra, ir a hablar con ellos si realmente pensamos que se equivocaron, y que el error es de una magnitud tal que amerite la charla correspondiente (en general los errores por los que se quejan los padres, puestos en blanco y negro y con cierta objetividad, no suelen ser tan graves). Por otro lado también hay que comprender que los docentes estamos para que los chicos aprendan, y que muchas veces esto incomodará a los padres. En general (habrá contadísimas excepciones) cuando un alumno se saca un dos, es porque se merece un dos. A ningún papá nos gusta que nuestro hijo se saque un dos. Y si no se lo merece, lo mejor en la casa será apoyar al docente y, en su caso, ir a hablar con él. Eso de “hacerse amigo de los hijos” buscando como enemigo común al docente es algo que, además de ser una injusticia, tarde o temprano se vuelve en contra.

Probablemente el hecho de violencia acontecido en la escuela Nicolás Avellaneda en poco tiempo será nada comparado con las cosas que sucederán, sino cambiamos de mentalidad con respecto a la relación padres-escuelas. Ésta debe ser una relación de mutuo apoyo y no de enfrentamiento.